La relatividad de las cosas…
Tuesday, June 15th, 2010Estaba yo pensando en un buen amigo que está pasando por un trance nada divertido y, en general, en lo difícil que es la vida y me dí cuenta de lo bueno que es esto de ir cumpliendo años… e ir cumpliendo experiencias…
Recuerdo como fuera ayer los primeros “problemas insuperables” de mi vida: Uno era coser un delantal (sí, en los colegios suecos las chicas teníamos clase de “Costura”; no fue hasta la 6a que me dejaron cambiar por “Carpintería”, mucho más constructivo, porque podíamos hacer estanterías, espejos…). Pues ese delantal me daba hasta pesadillas, era una montaña enorme, imposible de escalar… Hasta que un día se acabó. La pesadilla y, creo, el delantal.
Y luego vinieron otros problemas “insuperables”. Como perder el primer “”"novio”"”. Y mi padre consolándome como pudo:
-Hija, ¡amor sólo hay uno!
- ¡¡¡¡Y yo lo he perdido!!! (y más lágrimas)
- Es que amor sólo hay uno, cierto, pero cambian los objetos.
(Cierto, no le creí, pero las lágrimas me deshidrataron y, unas décadas más tarde, me dí cuenta de que quizás, tal vez, posiblemente, tenía razón…)
Pero iban a venir más montañas, más pesadillas… Más cosas “insuperables”; más “yo-no-puedo”’s… Verbos franceses; algoritmos sin ritmo alguno; los alfabetos japoneses; Atari; Windows, maquetar la primera revista, la nomenclatura náutica…
Y cuando, de la noche a la mañana, perdí todo (sí, literalmente todo, excepto la ropa que llevaba; las -nuevas- lágrimas… y una pizca de autoestima más pequeña que un microbio y más débil que una promesa política en campaña). Aún hoy (17 años más tarde) no me he recuperado (del todo) pero seguí adelante, crecí, aprendí -¡¡¡mucho!!!- y sé que, probablemente vendrán otros momentos “imposibles” y “trágicos”.
Pero también sé que PODRÉ aprender; que PODRÉ seguir adelante; que después de la madrugada más oscura LLEGARÁ a salir el sol; que aprenderé a SONREÍR…
Y escribo esto porque de vez en cuando es necesario recordar que nadie nos prometió que la vida fuera una autopista sin cuestas ni curvas. Eso sí, sabíamos que habría un peaje que pagar por disfrutar del camino… ¡Disfrutémoslo juntos!