¿Y la rebeldía periodística?
Una de las muchas razones por las que me quise hacer periodista -a la edad de 5 años- era porque me parecía divertidísimo poder preguntar cosas… Cuando llegué a madurar alguna década me parecía que el periodismo serviría para cuestionar y también difundir información a otros… Vale, casos prácticos (como cuando hice la serie sobre el “Síndrome Tóxico”) te hace comprender que casos Watergate no se pillan a menudo (o cuando se pillan, ver arriba, lo más probable es que los poderosos intenten taparlos…) pero aún y así me indigno cuando leo cosas como las que magníficamente plasmó Pablo Ordaz en “El País” de ayer:
“… los periodistas que acompañan incansablemente a Zapatero y a Rajoy por todo el país -miles de kilómetros y muy pocas horas de sueño- tienen el mismo contacto con los líderes del PSOE y del PP que un crítico de cine con una estrella en la pantalla. Pero hay más. Las imágenes que las distintas televisiones emiten de los mítines no han sido grabadas por sus cámaras, sino suministradas -tras ser supervisadas convenientemente- por los partidos. “
(¡El artículo es buenísimo!)
OK, soy muy consciente de que “la prensa libre” y “la libertad de expresión” no siempre refleja a nuestros clientes exactamente como nos gustaría pero, francamente, yo animaría a los periodistas de la caravana política que sigan en la cama. Porque para que nos llegue a todos la misma versión -interpretada según el color del cristal de cada uno, por supuesto- no hace falta madrugar.
(No, supuestamente no me interesa demasiado la política -probablemente porque, en el fondo, todos se parecen, sea cual sea el color de su corbata- pero SÍ me interesa la política de la comunicación y el día que nos quedemos sin periodistas críticos y rebeldes que no se callan SÍ podemos despedirnos de la Democracia.)